Primavera para el nuevo Libro de Urantia

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Víctor García-Bory

La primavera adorna la ciudad de Nueva York mientras escribo este artículo. Es la estación de la renovación, el renacimiento y el florecer de los bulbos plantados hace tiempo. Mientras trabajo desde casa miro a mi hijo de 12 años, Miguel, que está haciendo la tarea...


Víctor García-Bory & Miguel
Víctor García-Bory & Miguel

Víctor García-Bory, fideicomisario asociado emérito y coordinador del equipo de revisión al español de la Fundación Urantia (Nueva York, Estados Unidos)

La primavera adorna la ciudad de Nueva York mientras escribo este artículo. Es la estación de la renovación, el renacimiento y el florecer de los bulbos plantados hace tiempo. Mientras trabajo desde casa miro a mi hijo de 12 años, Miguel, que está haciendo la tarea en su computadora. Está concentrado, pero parece cansado después de un largo día de clases en línea en esta realidad de la era de la pandemia. Al observarlo me siento afortunado de estar juntos y sanos. Desvío mi atención de los asuntos difíciles y del costo humano que el último año ha traído, y me enfoco en un horizonte más amplio. Me acuerdo de las muchas cosas positivas que están ocurriendo en el mundo. Estamos entrando en una época más esperanzadora y aprovechamos las lecciones aprendidas a medida que los recuerdos negativos se desvanecen en el pasado.

Mi imaginación avanza 12 años hasta la primavera del 2033. Me pregunto cómo será mi hijo cuando salga de la primavera de su vida, en la que fue amado, cuidado y alimentado, para entrar en el verano de la adultez joven. Mi hijo es un niño encantador y curioso, precoz y trilingüe. Espero que cuando crezca sigamos manteniendo conversaciones significativas y sinceras. Es posible que cuando mire hacia atrás, Miguel me pregunte: «¿Por qué pasaste tanto tiempo de mi infancia trabajando en el proyecto de El libro de Urantia?».

Tendría razón al preguntar, ya que ha sido una década completa de trabajo, y yo estaría encantado de responderle. Sería una oportunidad para compartir la esencia misma de la inspiración divina y la unidad espiritual que nos impulsó a mí y a un grupo de queridos amigos a hacer un viaje único de servicio amoroso. Y en esta conversación, Miguel esperaría que le explicara con precisión lo que quiero decir con todo eso.

Le explicaría que hice este trabajo en pro de la unidad espiritual y el progreso de nuestra familia, la familia extendida de hispanohablantes de todo el mundo, y la hermandad de hombres, mujeres y ángeles en la tierra bajo nuestro Padre Celestial. Destacaría que trabajé como miembro de un equipo de religionistas afines que buscaban descubrir la voluntad de Dios y servir. Cada uno de nosotros, al haber recibido el don de la revelación divina, deseaba dar algo a cambio.

Compartiría con él que desde mediados de los 90 y hasta el 2021 hubo dos traducciones al español de El libro de Urantia. Que la primera comenzó en 1986, cuando la Fundación Urantia trabajó con una empresa de traducción profesional, y que supervisada por varios lectores bilingües de habla española e inglesa, se publicó finalmente en 1993. Miguel me oiría explicar que El libro de Urantia apenas había salido a la venta cuando los lectores de Europa comenzaron a revisarlo. Que esta primera revisión se convirtió en la Edición Europea de El libro de Urantia y que fue publicada por la Fundación en 2009.

En esta historia que imagino, le explicaría a mi hijo de 24 años que pronto se hizo evidente que tener dos traducciones diferentes al español causaba confusión entre los lectores. Al fin y al cabo, había diferencias notables entre ellas. Así que, con el espíritu de crear un texto español unificado y de alta calidad, me uní a la junta ampliada de la Fundación Urantia en 2010 para ayudar en el desarrollo de un proceso y una metodología de trabajo, y para formar un equipo de revisión.

Mi hijo me miraría con atención y querría hacer muchas más preguntas. Yo, pidiéndole un poco de paciencia, le explicaría que desde 2011 este equipo de estudiantes dedicados y veteranos de la revelación pasó los siguientes 10 años colaborando en una única revisión, profunda y de alta calidad del texto en español. Sabría de mi felicidad al ver que los frutos de nuestros esfuerzos fueron abundantes. Y que no fue solo el trabajo del equipo de revisión, sino el de más de una docena de lectores hispanohablantes que se ofrecieron a estudiar el texto, a hacer preguntas y a aportar comentarios sobre su claridad y fidelidad al original.

Yo le diría que, en conjunto, representábamos un grupo de habla hispana de ambos lados del Atlántico, y explicaría como a través de nuestro trabajo, camaradería y amistad, experimentamos una profunda unidad espiritual. Le narraría la historia en Amatus, cuando Santiago Zebedeo preguntó: «Maestro, ¿cómo podemos aprender a ver las cosas de la misma manera para que haya así más armonía entre nosotros?». Jesús se agitó en su espíritu ante esta pregunta y respondió: «Santiago, Santiago, ¿cuándo os he enseñado que todos debéis ver las cosas de la misma manera? He venido al mundo a proclamar la libertad espiritual con el fin de que los mortales tengan el poder de vivir vidas individuales libres y originales ante Dios. No deseo que la armonía social y la paz fraternal se compren al precio de sacrificar la libertad personal y la originalidad espiritual. Lo que yo pido para vosotros, mis apóstoles, es la unidad en el espíritu que podéis experimentar en la alegría de dedicaros unidos a hacer de todo corazón la voluntad de mi Padre del cielo. No tenéis que ver las cosas de la misma manera ni sentir de la misma manera, ni siquiera pensar de la misma manera, para ser espiritualmente de la misma manera. La unidad espiritual proviene de la consciencia de que cada uno de vosotros está habitado en su interior y dominado cada vez más por el don de espíritu del Padre celestial.» 141:5.1 (1591.6)

Y le diría a Miguel que efectivamente, así fueron las cosas, tal como cada uno de los participantes en esa historia puede atestiguar. El se enteraría de cómo experimentamos la unidad en nuestro servicio a Dios, aportando cada uno nuestras dotes únicas de mente, cuerpo y alma, disfrutando de la sublime sensación de armonía que supone compartir un propósito espiritual común. Como seres humanos imperfectos, estábamos unidos en el deseo de hacer la voluntad de nuestro Padre.

Vuelvo al presente y me doy cuenta de que al igual que la primavera anuncia una nueva vida, la edición 2021 de El libro de Urantia también ofrece una oportunidad para nuevos comienzos, una enriquecida presentación de los significados y valores del libro, y una confianza renovada en su calidad y fidelidad. Tengo la convicción de que los frutos de nuestro trabajo ayudarán a manifestar los frutos del espíritu en las generaciones venideras.

Poso nuevamente mis ojos en mi hijo de 12 años que, entusiasmado, me dice que ya terminó la tarea y que está listo para jugar. Y pienso para mis adentros: «Sí, llevó toda una década, pero eso es lo menos que se merece la quinta revelación de época. Lo hice por amor a ti y a nuestro Padre Celestial, hijo mío».

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