Documento 194 - El otorgamiento del Espíritu de la Verdad

   
   Números de párrafo: Activar | Desactivar
Versión para imprimirVersión para imprimir

El libro de Urantia

Documento 194

El otorgamiento del Espíritu de la Verdad

194:0.1 (2059.1) ALREDEDOR de la una, mientras los ciento veinte creyentes se encontraban orando, notaron todos una extraña presencia en la sala y se hicieron conscientes al mismo tiempo de un sentimiento nuevo y profundo de gozo, seguridad y confianza espiritual. Esta nueva consciencia de fuerza espiritual fue seguida de inmediato por un fuerte impulso de salir a proclamar públicamente el evangelio del reino y la buena nueva de que Jesús había resucitado de entre los muertos.

194:0.2 (2059.2) Pedro se puso de pie y declaró que eso debía de ser la venida del Espíritu de la Verdad que el Maestro les había prometido. Propuso que fueran al templo y empezaran a proclamar la buena nueva que les había sido encomendada, y así lo hicieron.

194:0.3 (2059.3) Aquellos hombres habían sido formados e instruidos para predicar el evangelio de la paternidad de Dios y la filiación de los hombres, pero en ese momento de éxtasis espiritual y triunfo personal la noticia mejor y más importante para ellos era el hecho de que el Maestro había resucitado. Y así, dotados de un poder recibido de lo alto, salieron a predicar a la gente la buena nueva —la salvación a través de Jesús— pero cayeron involuntariamente en el error de sustituir el mensaje del evangelio por algunos hechos relacionados con el evangelio. Pedro dio inicio a este error sin darse cuenta, y otros siguieron su ejemplo hasta llegar a Pablo, que creó una nueva religión a partir de esta nueva versión de la buena nueva.

194:0.4 (2059.4) El evangelio del reino es el hecho de la paternidad de Dios unido a la verdad resultante de la hermandad-filiación de los hombres. El cristianismo, tal como se desarrolló desde aquel día, es el hecho de Dios como Padre del Señor Jesucristo asociado a la experiencia de la comunión del creyente con el Cristo resucitado y glorificado.

194:0.5 (2059.5) No es de extrañar que estos hombres infundidos por el espíritu aprovecharan esa oportunidad para expresar sus sentimientos de triunfo sobre las fuerzas que habían intentado destruir a su Maestro y poner fin a la influencia de sus enseñanzas. En un momento como ese era más fácil recordar su asociación personal con Jesús y entusiasmarse con la certeza de que el Maestro seguía viviendo, de que su amistad con él no había terminado y de que el espíritu había descendido en verdad sobre ellos tal como él les había prometido.

194:0.6 (2059.6) Aquellos creyentes se sintieron de pronto transportados a otro mundo, a una nueva existencia de alegría, poder y gloria. El Maestro les había dicho que el reino vendría con poder, y algunos de ellos pensaron que empezaban a entender lo que había querido decir.

194:0.7 (2059.7) Y cuando se piensa en todo esto no es difícil comprender que estos hombres llegaran a predicar un nuevo evangelio sobre Jesús en lugar de su mensaje anterior de la paternidad de Dios y la hermandad de los hombres.

1. El sermón de Pentecostés

194:1.1 (2060.1) Los apóstoles habían estado escondidos durante cuarenta días. Ese día resultó ser la festividad judía de Pentecostés, y había en Jerusalén miles de visitantes de todas las partes del mundo. Aunque muchos habían llegado para esa fiesta, la mayoría llevaban en la ciudad desde la Pascua. Fue entonces cuando estos asustados apóstoles salieron de sus semanas de reclusión y tuvieron la audacia de presentarse en el templo para empezar a predicar el nuevo mensaje de un Mesías resucitado. Y todos los discípulos eran igualmente conscientes de haber recibido una nueva dotación espiritual de visión interior y poder.

194:1.2 (2060.2) Serían las dos cuando Pedro se puso de pie en el mismo lugar donde su Maestro había enseñado por última vez en ese templo y pronunció un llamamiento apasionado que consiguió ganar a más de dos mil almas. El Maestro se había ido, pero descubrieron de pronto que esta historia tenía un gran poder sobre la gente. No es de extrañar que quisieran seguir proclamando aquello que justificaba su entrega anterior a Jesús y que al mismo tiempo compelía a los hombres a creer en él. En esa reunión participaron seis de los apóstoles: Pedro, Andrés, Santiago, Juan, Felipe y Mateo. Hablaron durante más de hora y media, y pronunciaron sus mensajes en griego, hebreo y arameo, e incluso algunas palabras en otras lenguas que conocían un poco.

194:1.3 (2060.3) A los líderes de los judíos les sorprendió muchísimo la osadía de los apóstoles, pero al ver que tanta gente creía en su relato no se atrevieron a intervenir.

194:1.4 (2060.4) Hacia las cuatro y media más de dos mil nuevos creyentes siguieron a los apóstoles hasta el estanque de Siloé donde Pedro, Andrés, Santiago y Juan los bautizaron en nombre del Maestro. Ya era de noche cuando terminaron de bautizar a la multitud.

194:1.5 (2060.5) Pentecostés era la gran festividad del bautismo, el momento de admitir en la comunidad a los prosélitos de la puerta, a los gentiles que deseaban servir a Yahvé. Por eso era mucho más fácil para muchos creyentes, tanto judíos como gentiles, recibir el bautismo ese día. Al hacerlo no se apartaban de ninguna manera de la fe judía. Hubo incluso un tiempo en que los creyentes en Jesús fueron una secta dentro del judaísmo. Todos ellos, incluidos los apóstoles, seguían acatando las exigencias esenciales del sistema ceremonial judío.

2. La importancia de Pentecostés

194:2.1 (2060.6) Durante su vida en la tierra Jesús enseñó un evangelio que redimía al hombre de la superstición de que era hijo del demonio y lo elevaba a la dignidad de hijo de Dios por la fe. El mensaje de Jesús, tal como él lo predicó y lo vivió en su día, fue una solución eficaz para las dificultades espirituales del hombre de la época en que fue expuesto. Y ahora que él ha dejado personalmente el mundo, envía en su lugar a su Espíritu de la Verdad que está destinado a vivir en el hombre y exponer el mensaje de Jesús a cada nueva generación. Así, cada nuevo grupo de mortales que aparezca sobre la faz de la tierra tendrá una versión nueva y actualizada del evangelio, una iluminación personal y una guía colectiva que demostrará ser la solución eficaz para las dificultades espirituales, siempre nuevas y diversas, del hombre.

194:2.2 (2060.7) La primera misión de este espíritu es, por supuesto, fomentar y personalizar la verdad, pues la comprensión de la verdad es la forma más alta de libertad humana. El segundo cometido de este espíritu es acabar con el sentimiento de orfandad del creyente. Como Jesús estuvo entre los hombres, todos los creyentes experimentarían un sentimiento de soledad si el Espíritu de la Verdad no hubiera venido a morar en el corazón de los hombres.

194:2.3 (2061.1) Este otorgamiento del espíritu del Hijo preparó de manera eficaz la mente de todos los hombres normales para el posterior otorgamiento universal del espíritu del Padre (el Ajustador) a toda la humanidad. En cierto sentido este Espíritu de la Verdad es el espíritu tanto del Padre Universal como del Hijo Creador.

194:2.4 (2061.2) No cometáis el error de esperar que llegaréis a ser muy conscientes intelectualmente del Espíritu de la Verdad derramado sobre vosotros. El espíritu no crea nunca una consciencia de sí mismo, sino solo una consciencia de Miguel, el Hijo. Jesús enseñó desde el principio que el espíritu no hablaría de sí mismo. Por consiguiente, la prueba de vuestra comunión con el Espíritu de la Verdad no se puede encontrar en la consciencia que tengáis de este espíritu sino más bien en vuestra experiencia de una mayor comunión con Miguel.

194:2.5 (2061.3) El espíritu vino también para ayudar a los hombres a recordar y comprender las palabras del Maestro, así como para esclarecer y reinterpretar su vida en la tierra.

194:2.6 (2061.4) Y además, el Espíritu de la Verdad vino a ayudar al creyente a atestiguar las realidades de las enseñanzas de Jesús y de su vida tal como la vivió en la carne y tal como la vuelve a vivir ahora, una y otra vez, en cada creyente de cada generación sucesiva de hijos de Dios llenos del espíritu.

194:2.7 (2061.5) Se pone así de manifiesto que el Espíritu de la Verdad viene para conducir realmente a todos los creyentes a toda la verdad, al conocimiento cada vez más amplio de la experiencia de la consciencia espiritual viva y creciente de la realidad de la filiación eterna y ascendente con Dios.

194:2.8 (2061.6) La vida que vivió Jesús es una revelación del hombre sujeto a la voluntad del Padre, no un ejemplo que cada hombre deba intentar seguir al pie de la letra. Esa vida en la carne junto con su muerte en la cruz y su posterior resurrección no tardaron en convertirse en el nuevo evangelio del rescate pagado de ese modo para recuperar al hombre de las garras del maligno, de la condenación de un Dios ofendido. Sin embargo, y a pesar de la gran distorsión que sufrió el evangelio, sigue siendo cierto que este nuevo mensaje sobre Jesús conservó muchas verdades y enseñanzas fundamentales de su evangelio anterior del reino. Esas verdades ocultas de la paternidad de Dios y la hermandad de los hombres emergerán, tarde o temprano, para transformar eficazmente la civilización de toda la humanidad.

194:2.9 (2061.7) Por otra parte, estos errores del intelecto no interfirieron de ninguna manera en los grandes progresos de los creyentes en crecimiento espiritual. Menos de un mes después del otorgamiento del Espíritu de la Verdad los apóstoles habían hecho individualmente más progresos espirituales que durante sus casi cuatro años de amorosa asociación personal con el Maestro. Esta sustitución de la verdad del evangelio salvador de la filiación con Dios por el hecho de la resurrección de Jesús tampoco interfirió en modo alguno en la rápida difusión de sus enseñanzas; al contrario, el hecho de que el mensaje de Jesús fuera eclipsado por las nuevas enseñanzas sobre su persona y su resurrección pareció facilitar enormemente la predicación de la buena nueva.

194:2.10 (2061.8) La expresión «bautismo del espíritu», que empezó a generalizarse por esa época, significaba simplemente recibir de manera consciente este don del Espíritu de la Verdad y reconocer de manera personal este nuevo poder espiritual como un acrecentamiento de todas las influencias espirituales experimentadas previamente por las almas conocedoras de Dios.

194:2.11 (2061.9) A partir del otorgamiento del Espíritu de la Verdad el hombre está sujeto a la enseñanza y la guía de un triple otorgamiento de espíritus: el espíritu del Padre (el Ajustador del Pensamiento), el espíritu del Hijo (el Espíritu de la Verdad) y el espíritu del Espíritu (el Espíritu Santo).

194:2.12 (2062.1) En cierto modo, la humanidad está sujeta a la doble influencia del llamamiento séptuplo de las influencias de espíritu del universo. Las primeras razas evolutivas de mortales están sujetas al contacto progresivo de los siete espíritus-mente adjutores del Espíritu Madre del universo local. A medida que el hombre progresa hacia arriba en la escala de la inteligencia y la percepción espiritual, acaban flotando sobre él y morando en él las siete influencias superiores de espíritu. Estos son los siete espíritus de los mundos en vías de avance:

194:2.13 (2062.2) 1. El espíritu otorgado por el Padre Universal: los Ajustadores del Pensamiento.

194:2.14 (2062.3) 2. La presencia de espíritu del Hijo Eterno: la gravedad de espíritu del universo de universos y el canal cierto de toda comunión en el espíritu.

194:2.15 (2062.4) 3. La presencia de espíritu del Espíritu Infinito: la mente-espíritu universal de toda la creación, la fuente espiritual del parentesco intelectual de todas las inteligencias progresivas.

194:2.16 (2062.5) 4. El espíritu del Padre Universal y el Hijo Creador: el Espíritu de la Verdad, considerado generalmente como el espíritu del Hijo del Universo.

194:2.17 (2062.6) 5. El espíritu del Espíritu Infinito y el Espíritu Madre del Universo: el Espíritu Santo, considerado generalmente como el espíritu del Espíritu del Universo.

194:2.18 (2062.7) 6. El espíritu-mente del Espíritu Madre del Universo: los siete espíritus-mente adjutores del universo local.

194:2.19 (2062.8) 7. El espíritu del Padre, los Hijos y los Espíritus: el espíritu con nombre nuevo de los mortales ascendentes de los mundos después de la fusión del alma mortal, nacida del espíritu, con el Ajustador paradisiaco del Pensamiento, y después de haber logrado posteriormente la divinidad y la glorificación de pertenecer al Cuerpo de la Finalización del Paraíso.

194:2.20 (2062.9) Y así, el otorgamiento del Espíritu de la Verdad trajo al mundo y a sus gentes el último otorgamiento de espíritu destinado a auxiliarlos en la búsqueda ascendente de Dios.

3. Lo que sucedió en Pentecostés

194:3.1 (2062.10) Muchas enseñanzas raras y extrañas se han asociado a las primeras narraciones del día de Pentecostés. En tiempos posteriores, los sucesos de aquel día en el que el Espíritu de la Verdad, el nuevo maestro, vino a morar con la humanidad se han confundido con absurdas manifestaciones de sentimentalismo desbordado. La misión principal de ese espíritu del Padre y el Hijo derramado sobre los hombres es enseñarles las verdades sobre el amor del Padre y la misericordia del Hijo. Estas son las verdades de la divinidad que los hombres pueden comprender mucho mejor que todos los demás rasgos del carácter divino. El Espíritu de la Verdad se ocupa principalmente de revelar la naturaleza de espíritu del Padre y el carácter moral del Hijo. El Hijo Creador, en la carne, reveló a Dios a los hombres. El Espíritu de la Verdad, en el corazón, revela al Hijo Creador a los hombres. Cuando un hombre produce en su vida los «frutos del espíritu» está mostrando simplemente los rasgos que el Maestro manifestó en su propia vida terrenal. Cuando Jesús estuvo en la tierra vivió su vida como una sola personalidad: Jesús de Nazaret. A partir de Pentecostés el Maestro, como espíritu morador del «nuevo maestro», ha podido vivir su vida de nuevo en la experiencia de cada creyente que ha sido instruido en la verdad.

194:3.2 (2062.11) Muchas cosas que suceden en el transcurso de una vida humana son duras de comprender, difíciles de conciliar con la idea de que estamos en un universo donde prevalece la verdad y triunfa la rectitud. Muchas veces se tiene la impresión de que prevalece la calumnia, la mentira, la falta de honradez y de rectitud, es decir, el pecado. ¿Triunfa realmente la fe sobre el mal, el pecado y la iniquidad? Sí que triunfa, y la vida y la muerte de Jesús son la prueba eterna de que la verdad de la bondad y la fe de la criatura guiada por el espíritu serán siempre justificadas. Se mofaron de Jesús en la cruz, diciendo: «Veamos si viene Dios a liberarlo». El día de la crucifixión pareció sombrío, pero la mañana de la resurrección brilló gloriosamente, y el día de Pentecostés fue aún más brillante y jubiloso. Las religiones de la desesperanza pesimista buscan la liberación de las cargas de la vida, ansían la extinción en un sueño y un reposo sin fin. Son las religiones de los miedos y terrores primitivos. La religión de Jesús es un nuevo evangelio de fe que ha de ser proclamado a una humanidad que lucha. Esta nueva religión está fundada en la fe, la esperanza y el amor.

194:3.3 (2063.1) La vida mortal había descargado sobre Jesús sus golpes más duros, amargos y crueles, y este hombre se enfrentó a estas condiciones de desesperación con fe, valor y la determinación inquebrantable de hacer la voluntad de su Padre. Jesús se enfrentó a la vida en toda su terrible realidad y la dominó hasta la muerte. No utilizó la religión para liberarse de la vida. La religión de Jesús no busca escapar de esta vida para poder disfrutar de la dicha que espera en otra existencia. La religión de Jesús proporciona la alegría y la paz de una nueva existencia espiritual para realzar y ennoblecer la vida que los hombres viven ahora en la carne.

194:3.4 (2063.2) Si la religión es el opio del pueblo, esa no es la religión de Jesús. En la cruz se negó a beber la droga adormecedora, y su espíritu derramado sobre toda carne es una poderosa influencia mundial que conduce al hombre hacia arriba y lo impulsa hacia adelante. El impulso espiritual hacia adelante es la fuerza motriz más poderosa que existe en este mundo. El creyente que aprende la verdad es el alma más progresiva y dinámica de la tierra.

194:3.5 (2063.3) El día de Pentecostés la religión de Jesús rompió todas las restricciones nacionales y todas las cadenas raciales. Es cierto para siempre que «donde está el espíritu del Señor hay libertad». Aquel día el Espíritu de la Verdad se convirtió en el don personal del Maestro para cada mortal. Este espíritu fue otorgado con el propósito de capacitar a los creyentes para que predicaran con más eficacia el evangelio del reino, pero ellos confundieron la experiencia de recibir el espíritu derramado sobre ellos y la convirtieron en una parte del nuevo evangelio que estaban formulando inconscientemente.

194:3.6 (2063.4) No paséis por alto el hecho de que el Espíritu de la Verdad fue otorgado a todos los creyentes sinceros; este don del espíritu no vino solo a los apóstoles. Los ciento veinte hombres y mujeres reunidos en la habitación de arriba recibieron todos al nuevo maestro, igual que todos los honrados de corazón del mundo entero. Este nuevo maestro fue otorgado a la humanidad, y cada alma lo recibió según su amor a la verdad y su capacidad de captar y comprender las realidades espirituales. La verdadera religión se libera por fin de la custodia de los sacerdotes y de todas las castas sagradas, y encuentra su manifestación real en el alma individual de los hombres.

194:3.7 (2063.5) La religión de Jesús fomenta el tipo más alto de civilización humana porque crea el tipo más alto de personalidad espiritual y proclama la condición sagrada de esa persona.

194:3.8 (2063.6) La llegada del Espíritu de la Verdad en Pentecostés hizo posible una religión que no es ni radical ni conservadora, ni antigua ni nueva, y no ha de estar dominada ni por los viejos ni por los jóvenes. El hecho de la vida terrenal de Jesús proporciona un punto fijo para el ancla del tiempo, mientras que el otorgamiento del Espíritu de la Verdad proporciona la expansión perpetua y el crecimiento sin fin de la religión que vivió Jesús y del evangelio que proclamó. El espíritu guía hacia toda la verdad, es el maestro de una religión en expansión y crecimiento constante de progreso sin fin y desarrollo divino. Este nuevo maestro desvelará siempre al creyente que busca la verdad lo que estuvo tan divinamente contenido en la persona y la naturaleza del Hijo del Hombre.

194:3.9 (2064.1) Las manifestaciones asociadas al otorgamiento del «nuevo maestro» y la acogida de los hombres de las diferentes razas y naciones reunidas en Jerusalén a la predicación de los apóstoles atestiguan la universalidad de la religión de Jesús. El evangelio del reino no debe ser identificado con ninguna raza, cultura o idioma en particular. Este día de Pentecostés fue testigo del gran esfuerzo del espíritu por liberar a la religión de Jesús de las trabas judías heredadas, pero incluso después de esta demostración de derramamiento del espíritu sobre toda carne, los apóstoles se esforzaron al principio por imponer a sus conversos las exigencias del judaísmo. El propio Pablo tuvo problemas con sus hermanos de Jerusalén porque se negaba a someter a los gentiles a esas prácticas judías. Ninguna religión revelada puede difundirse por todo el mundo si comete el grave error de dejarse permear por alguna cultura nacional o de asociarse con prácticas raciales, sociales o económicas ya establecidas.

194:3.10 (2064.2) El otorgamiento del Espíritu de la Verdad fue independiente de todas las formalidades, ceremonias, lugares sagrados y comportamientos especiales por parte de los que recibieron la plenitud de su manifestación. Cuando el espíritu descendió sobre los reunidos en la habitación de arriba, estaban simplemente sentados allí y acababan de empezar a orar en silencio. El espíritu fue otorgado en el campo igual que en la ciudad. No fue necesario que los apóstoles se retiraran a un lugar aislado y pasaran años de meditación solitaria para poder recibir el espíritu. Pentecostés disocia para siempre la idea de experiencia espiritual de la noción de un entorno especialmente favorable.

194:3.11 (2064.3) Pentecostés, con su dotación espiritual, estuvo dirigido a liberar para siempre la religión del Maestro de toda dependencia de las fuerzas físicas. A partir de ese momento los maestros de esta nueva religión están equipados con armas espirituales. Han de salir a conquistar el mundo con perdón indefectible, buena voluntad inigualable y amor desbordante. Están equipados para superar el mal con el bien, para vencer el odio con amor, para destruir el miedo con una fe viva y valiente en la verdad. Jesús había enseñado ya a sus seguidores que su religión nunca era pasiva, que sus discípulos debían ser siempre activos y positivos en su ministerio de misericordia y en sus manifestaciones de amor. Estos creyentes ya no debían seguir considerando a Yahvé como «el Señor de los Ejércitos». Ahora contemplaban a la Deidad eterna como el «Dios y Padre del Señor Jesucristo». Hicieron al menos este progreso, aunque no consiguieron captar del todo la verdad de que Dios es también el Padre espiritual de cada individuo.

194:3.12 (2064.4) Pentecostés dotó al hombre mortal con el poder de perdonar los agravios personales, de conservar la dulzura en medio de las peores injusticias, de permanecer impasible ante peligros aterradores y de desafiar los males del odio y la ira con actos intrépidos de amor y tolerancia. A lo largo de su historia Urantia ha sufrido la devastación de grandes guerras destructivas, y todos los que participaron en esas luchas terribles fueron derrotados. Solo ha habido un vencedor; solo uno salió de esas amargas luchas con su reputación realzada, y ese fue Jesús de Nazaret con su evangelio de superar el mal con el bien. El secreto de una civilización mejor está contenido en las enseñanzas del Maestro sobre la hermandad de los hombres, la buena voluntad del amor y la confianza mutua.

194:3.13 (2065.1) Hasta Pentecostés la religión tan solo había revelado al hombre en busca de Dios. A partir de Pentecostés el hombre sigue buscando a Dios, pero brilla también sobre el mundo el espectáculo de Dios buscando al hombre y enviando su espíritu para que more en él cuando lo encuentre.

194:3.14 (2065.2) Antes de las enseñanzas de Jesús que culminaron en Pentecostés las mujeres tenían poca o ninguna posición espiritual en los credos de las religiones más antiguas. Después de Pentecostés la mujer se encontró en igualdad con el hombre ante Dios en la hermandad del reino. Entre las ciento veinte personas que recibieron esta visitación especial del espíritu estaban muchas de las discípulas, y compartieron estas bendiciones en la misma medida que los hombres creyentes. Los hombres ya no pueden pretender monopolizar el ministerio del servicio religioso. Los fariseos podían seguir dando gracias a Dios por «no haber nacido ni mujer, ni leproso ni gentil», pero entre los seguidores de Jesús las mujeres han sido liberadas para siempre de toda discriminación religiosa basada en el sexo. Pentecostés obliteró toda discriminación religiosa basada en la distinción racial, las diferencias culturales, las castas sociales o los prejuicios sexuales. No es de extrañar que los creyentes en la nueva religión exclamaran: «Donde está el espíritu del Señor hay libertad».

194:3.15 (2065.3) Entre los ciento veinte creyentes estaban tanto la madre como un hermano de Jesús, y recibieron el espíritu derramado sobre ellos como miembros de este grupo común de discípulos. No recibieron más cantidad de este buen don que sus compañeros. No se otorgó ningún don especial a los miembros de la familia terrenal de Jesús. Pentecostés marcó el final de los sacerdocios especiales y de toda creencia en familias sagradas.

194:3.16 (2065.4) Antes de Pentecostés los apóstoles habían renunciado a muchas cosas por Jesús. Habían sacrificado sus hogares, sus familias, sus amigos, sus bienes terrenales y su posición social. En Pentecostés se dieron a Dios, y el Padre y el Hijo respondieron dándose a los hombres, enviando a sus espíritus para que vivieran en los hombres. Esta experiencia de perder el yo y encontrar al espíritu no fue una experiencia emocional, fue un acto de entrega inteligente de uno mismo y de consagración sin reservas.

194:3.17 (2065.5) Pentecostés fue el llamamiento a la unidad espiritual entre los creyentes en el evangelio. Cuando el espíritu descendió sobre los discípulos en Jerusalén, sucedió lo mismo en Filadelfia, en Alejandría y en todos los demás lugares donde moraban creyentes sinceros. Fue literalmente cierto que «la multitud de los que creyeron era de un corazón y un alma». La religión de Jesús es la influencia unificadora más poderosa que el mundo haya conocido jamás.

194:3.18 (2065.6) Pentecostés estaba destinado a reducir la autoafirmación de las personas, los grupos, las naciones y las razas. El espíritu de autoafirmación es lo que aumenta la tensión que se desata periódicamente en forma de guerras destructivas. La humanidad solo puede unificarse mediante un planteamiento espiritual, y el Espíritu de la Verdad es una influencia mundial universal.

194:3.19 (2065.7) El advenimiento del Espíritu de la Verdad purifica el corazón humano y conduce a quien lo recibe a formular un propósito de vida dedicado en exclusiva a la voluntad de Dios y al bienestar de los hombres. El espíritu material del egoísmo ha sido engullido por este nuevo otorgamiento espiritual de altruismo. Pentecostés significó entonces y significa ahora que el Jesús histórico se ha convertido en el Hijo divino de la experiencia viva. Cuando se experimenta conscientemente en la vida humana la alegría de este espíritu derramado, es un tónico para la salud, un estímulo para la mente y una energía inagotable para el alma.

194:3.20 (2065.8) La oración no fue lo que trajo al espíritu el día de Pentecostés, pero contribuyó mucho a determinar la capacidad de receptividad que caracterizaba a los creyentes individuales. La oración no mueve al corazón divino a otorgarse generosamente, pero cava muchas veces canales más amplios y más profundos por los que los otorgamientos divinos pueden fluir hasta el corazón y el alma de los que se acuerdan de mantener una comunión ininterrumpida con su Hacedor mediante la oración sincera y la verdadera adoración.

4. Los comienzos de la Iglesia cristiana

194:4.1 (2066.1) Cuando Jesús fue apresado tan repentinamente por sus enemigos y crucificado tan rápidamente entre dos ladrones, sus apóstoles y discípulos quedaron totalmente desmoralizados. La idea de un Maestro arrestado, atado, azotado y crucificado fue demasiado incluso para los apóstoles. Olvidaron sus enseñanzas y sus advertencias. Jesús podría haber sido en verdad «un profeta poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo», pero no el Mesías que esperaban que restaurara el reino de Israel.

194:4.2 (2066.2) Después viene la resurrección que los libera de la desesperanza y les devuelve su fe en la divinidad del Maestro. Ven al Maestro y hablan con él una y otra vez, y los lleva al Olivete donde se despide de ellos y les dice que vuelve al Padre. Les ha dicho que se queden en Jerusalén hasta que sean dotados de poder, hasta que venga el Espíritu de la Verdad. El día de Pentecostés llega este nuevo maestro y ellos salen inmediatamente a predicar su evangelio con nuevo poder. Son los audaces y valientes seguidores de un Señor vivo, no de un líder muerto y derrotado. El Maestro vive en el corazón de estos evangelistas. Dios no es una doctrina en su mente, se ha convertido en una presencia viva en su alma.

194:4.3 (2066.3) «Día tras día perseveraban unánimes en el templo, y partiendo el pan en las casas comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Todos estaban llenos del espíritu y proclamaban con audacia la palabra de Dios. Y la multitud de los que creyeron era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.»

194:4.4 (2066.4) ¿Qué les ha ocurrido a estos hombres a quienes Jesús había ordenado salir a predicar el evangelio del reino: la paternidad de Dios y la hermandad de los hombres? Tienen un nuevo evangelio, arden con una nueva experiencia, están llenos de una nueva energía espiritual. De pronto su mensaje ha cambiado y ahora proclaman al Cristo resucitado: «A Jesús de Nazaret, varón confirmado por Dios con milagros y prodigios, entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, lo crucificasteis y matasteis. Él ha cumplido así las cosas que Dios había anunciado por boca de todos los profetas. A este Jesús resucitó Dios. Dios lo ha hecho Señor y Cristo. Exaltado a la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del espíritu, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Arrepentíos para que vuestros pecados sean borrados, para que el Padre envíe al Cristo designado de antemano para vosotros, el propio Jesús, a quien el cielo ha de recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas».

194:4.5 (2066.5) El evangelio del reino, el mensaje de Jesús, había sido transformado de pronto en el evangelio del Señor Jesucristo. Proclamaban ahora los hechos de su vida, su muerte y resurrección, y predicaban la esperanza de su rápido regreso a este mundo para terminar la obra que había empezado. Así, el mensaje de los primeros creyentes consistió en predicar los hechos de su primera venida y en enseñar la expectativa de su segunda venida, un acontecimiento que suponían muy cercano.

194:4.6 (2067.1) Cristo estaba a punto de convertirse en el credo de la Iglesia que empezaba a formarse rápidamente. Jesús vive, murió por los hombres, ha dado el espíritu y va a volver. Jesús llenaba todos sus pensamientos y determinaba todos sus nuevos conceptos sobre Dios y sobre todo lo demás. Estaban demasiado entusiasmados con la nueva doctrina de que «Dios es el Padre del Señor Jesús» para interesarse por el antiguo mensaje de que «Dios es el Padre amoroso de todos los hombres», de cada persona en particular. Es verdad que brotó en aquellas primeras comunidades de creyentes una maravillosa manifestación de amor fraternal y buena voluntad sin precedentes, pero fue una comunión de creyentes en Jesús, no una comunión de hermanos en el reino de la familia del Padre del cielo. Su buena voluntad provenía del amor nacido del concepto del otorgamiento de Jesús y no del reconocimiento de la hermandad de los mortales. Sin embargo, estaban llenos de júbilo y vivían unas vidas tan nuevas y únicas que todos los hombres se sentían atraídos hacia sus enseñanzas sobre Jesús. Cometieron el gran error de usar la interpretación viva e ilustrativa del evangelio del reino en lugar del evangelio mismo, pero incluso esto representaba la religión más grande que la humanidad había conocido jamás.

194:4.7 (2067.2) Sin lugar a dudas estaba apareciendo en el mundo una nueva comunión. «La multitud que creía perseveraba en las enseñanzas y la comunión de los apóstoles, en la fracción del pan y en las oraciones». Se llamaban unos a otros hermanos y hermanas, se saludaban entre sí con un beso santo, atendían a los pobres. Era una comunión tanto de vida como de adoración. No formaban una comunidad por decreto sino por el deseo de compartir sus bienes con sus compañeros creyentes. Esperaban confiados el retorno de Jesús durante su generación para terminar de establecer el reino del Padre. Compartían espontáneamente las posesiones terrenales, aunque eso no era una característica directa de las enseñanzas de Jesús. Ocurrió porque estos hombres y mujeres creían con toda sinceridad y confianza que había de regresar de un momento a otro para acabar su obra y consumar el reino. Sin embargo los resultados finales de este experimento bienintencionado pero insensato de amor fraternal fueron desastrosos y causaron muchos pesares. Miles de creyentes sinceros vendieron sus propiedades y distribuyeron todo su capital y otros activos rentables. Con el tiempo los menguantes recursos del sistema cristiano de «compartir por igual» se acabaron, pero el mundo no se acabó. Muy pronto, los creyentes de Antioquía organizaron una colecta para impedir que sus compañeros de Jerusalén se murieran de hambre.

194:4.8 (2067.3) En aquellos días los creyentes celebraban la Cena del Señor tal como había sido establecida, es decir, se reunían para comer juntos en buena hermandad y compartían el sacramento al final de la comida.

194:4.9 (2067.4) Al principio bautizaban en nombre de Jesús, y pasaron casi veinte años hasta que empezaron a bautizar «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». El bautismo era lo único que se exigía para ser admitido en la comunión de los creyentes. Aún no tenían ninguna organización; formaban simplemente la hermandad de Jesús.

194:4.10 (2067.5) Esta secta de Jesús crecía rápidamente, y atrajo una vez más la atención de los saduceos. A los fariseos les preocupaba poco la situación, puesto que ninguna de las enseñanzas interfería para nada en la observancia de las leyes judías. En cambio los saduceos empezaron a encarcelar a los líderes de la secta de Jesús hasta que se dejaron convencer por esta recomendación de Gamaliel, uno de los rabinos principales: «No tengáis nada que ver con esos hombres y dejadlos en paz, porque si este plan o esta obra es de los hombres, perecerá, pero si es de Dios, no podréis destruirlos, no sea que os halléis luchando contra Dios». Decidieron seguir el consejo de Gamaliel, y hubo un periodo de paz y tranquilidad en Jerusalén durante el cual se difundió rápidamente el nuevo evangelio sobre Jesús.

194:4.11 (2068.1) Y así, todo fue bien en Jerusalén hasta la llegada de numerosos griegos procedentes de Alejandría. Dos de los alumnos de Rodan llegaron a Jerusalén e hicieron muchos conversos entre los helenistas. Entre sus primeros conversos estaban Esteban y Bernabé. Estos griegos cultivados no tenían un punto de vista tan judío y no se amoldaban tan bien a las formas de culto de los judíos ni a las demás prácticas ceremoniales. Las actividades de estos creyentes griegos pusieron fin a las pacíficas relaciones existentes entre la hermandad de Jesús y los fariseos y saduceos. Esteban y su compañero griego empezaron a predicar de manera más acorde a como Jesús había enseñado, y esto los llevó a un conflicto inmediato con los dirigentes judíos. Durante uno de los sermones públicos de Esteban, cuando llegó a la parte inaceptable de su discurso prescindieron de todas las formalidades judiciales y lo mataron a pedradas allí mismo.

194:4.12 (2068.2) Esteban, el líder de la colonia de griegos de Jerusalén que creían en Jesús, se convirtió así en el primer mártir de la nueva fe y en la causa que motivó la organización formal de la Iglesia cristiana primitiva. Los creyentes afrontaron esta nueva crisis reconociendo que no podían seguir siendo una secta dentro de la fe judía y todos estuvieron de acuerdo en que debían separarse de los no creyentes. Un mes después de la muerte de Esteban se había organizado la Iglesia de Jerusalén bajo el liderazgo de Pedro, con Santiago el hermano de Jesús como jefe nominal.

194:4.13 (2068.3) Estallaron entonces nuevas y encarnizadas persecuciones por parte de los judíos, de modo que los maestros activos de la nueva religión sobre Jesús, que fue llamada posteriormente cristianismo en Antioquía, salieron hasta los confines del Imperio proclamando a Jesús. Antes de la época de Pablo el liderazgo de la predicación de este mensaje estuvo en manos de los griegos. Aquellos primeros misioneros, como también los que vinieron después, tomaron la antigua ruta de Alejandro que iba por Gaza y Tiro hasta Antioquía, seguía hasta Macedonia a través de Asia Menor, y desde allí hasta Roma y los rincones más lejanos del Imperio.

Información de fondo

Versión para imprimirVersión para imprimir

Urantia Foundation, 533 W. Diversey Parkway, Chicago, IL 60614, USA
Teléfono: (fuera de EUA y Canada) +1-773-525-3319
© Urantia Foundation. Reservados todos los derechos