La siembra de El libro de Urantia en Rumanía

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Timothy Minasian

En octubre de este año volé de Boston a Bucarest (Rumanía) para visitar durante ocho días a un amigo británico que conocí cuando los dos trabajábamos en Riad (Arabia Saudí) y vivíamos en el mismo...


De Timothy Minasian (New Hampshire, Estados Unidos)

Nota de la redacción: en esta historia, un lector americano habla sobre su viaje reciente para donar un libro a la Biblioteca Nacional de Rumanía.

En octubre de este año volé de Boston a Bucarest (Rumanía) para visitar durante ocho días a un amigo británico que conocí cuando los dos trabajábamos en Riad (Arabia Saudí) y vivíamos en el mismo complejo residencial. Peter y yo seguimos en contacto a lo largo de los años y cuando su esposa Angela y él me invitaron a visitarlos a Bucarest acepté enseguida y comencé a planear el viaje. Además me imaginaba que mi viaje a Rumanía proporcionaría una oportunidad excelente para donar un ejemplar de El libro de Urantia a la Biblioteca Nacional de Rumanía.

Hice algo parecido en 1995 cuando viajé a Rusia y doné mi ejemplar del libro a la Biblioteca Estatal Rusa en Moscú. Fui a hablar con el director de Donaciones de Libros Extranjeros, que hablaba un inglés perfecto. Mi libro personal era una primera edición de 1955 (después de pensarlo un poco, ojalá hubiera conservado el libro debido a su valor sentimental y donado un ejemplar más reciente). El director pudo ver que El libro de Urantia era una obra de calidad y me planteó unas preguntas muy inquisitivas sobre su naturaleza. Sabía que tenía que responder con mucho cuidado: en esos momentos muchos grupos evangélicos americanos estaban en Rusia haciendo proselitismo de su forma de cristianismo y estaba empezando a haber reacciones negativas por parte del pueblo ruso y de la Iglesia ortodoxa rusa. De modo que cuando el director me preguntó de qué trataba el libro le respondí que trataba sobre metafísica, geología, la naturaleza del universo, la religión y otros temas. En términos generales, sabía que los rusos están muy interesados en la metafísica, así que elegí destacar ese aspecto de El libro de Urantia. Pareció funcionar en Moscú, de modo que decidí usar el mismo enfoque en Bucarest.

Durante el verano de 2018 hablé con Tamara Strumfeld, de la Fundación Urantia, y le pregunté si había lectores rumanos a los que pudiera contactar durante mi viaje. Ella me puso en contacto con Marcel Tudoran, profesor residente en la provincia rumana de Transilvania y entregado lector de El libro de Urantia. Intentamos coordinarnos para conocernos en persona cuando estuviera allí, pero nuestros compromisos no lo permitieron.

Marcel tiene una gran fe y ha ayudado a la Fundación con la traducción al rumano. No obstante parece frustrado ante la falta de progresos en la diseminación y aceptación de El libro de Urantia en Rumanía, que es un país de mayoría cristiana dominado por la Iglesia ortodoxa rumana. Marcel sugirió que donara un libro al patriarcado de la Iglesia y consideré su sugerencia, pero no estaba mentalmente preparado para esa interacción. De todas formas, por mi lectura de la historia rumana y por lo que observé cuando estuve allí, no creo que hubiera sido bien recibido por los sacerdotes principales del patriarcado ortodoxo rumano.

En vez de eso doné un libro en la Biblioteca Nacional de Rumanía, una impresionante estructura moderna de acero y cristal. Peter y yo nos presentamos ante la recepcionista y dijimos que deseábamos donar un libro. Ella llamó al director de Donaciones de Libros Extranjeros, que se reunió con nosotros en la entrada. El director nos llevó a una amplia sala llena de libros apilados en mesas enormes, donde tres señoras estaban clasificando y catalogando libros donados por extranjeros. Parecía un trabajo importante. El director pidió que rellenáramos un formulario de donaciones y cuando vi la casilla donde indicar el autor, me detuve. Los lectores de El libro de Urantia sabemos que el libro tiene muchos autores que no son terrestres, pero no podíamos intentar explicarlo a un Director de Donaciones de Libros Extranjeros, así que simplemente escribí «Fundación Urantia» como autor. El acto de donación pareció un poco anticlímax después de todos los preparativos, pero quién sabe qué persona acabará encontrando el libro, comenzará a leerlo y lo llevará a su corazón.

Disfruté de mi viaje a Rumanía y me fui con sensaciones positivas de su gente y del país en general. Creo que Rumanía tiene un gran potencial para ser un país próspero y pacífico. Por eso es tan importante implicarse en la siembra de El libro de Urantia por todo el mundo, incluso en pequeños países y en los que tienen una historia turbulenta. Es para el futuro.

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