Bailar con Dios: el quinto retiro anual de mujeres

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Jodi Niggemann y Line St-Pierre

De Line St-Pierre, fideicomisaria asociada emérita (Québec, Canadá) y Jodi Niggemann (Dakota del Sur, Estados Unidos)

Nota de la redacción: el quinto retiro anual de mujeres, que se celebró del 13 al 16 de septiembre en el 533 W. Diversey Parkway de Chicago, se tituló «Bailar con Dios, vivir Su amor con valentía». Además de las cuatro facilitadoras hubo 10 participantes de lugares tan lejanos como Sudáfrica. Las facilitadoras expresaron la misión de los retiros como «Realzar el estatus de mujer dedicada al crecimiento espiritual, el avance intelectual y el progreso moral», y la visión como «tocar el corazón de las mujeres explorando la dignidad de ser Hijas de Dios, honrar su valor e importancia y cooperar con el espíritu divino para llevar a cabo la hermosa cosecha de los frutos del espíritu».

Informe de Line St-Pierre

El segundo piso del 533 fue bendecido con oraciones, risas y lágrimas de las participantes del retiro Bailar con Dios, facilitado por Carrie Prentice, Doreen Heyne, Katharina Becker y Line St-Pierre, el equipo de las «Hijas de Dios».

Como El libro de Urantia nos recuerda, «El hombre no se une con el Supremo y sumerge su identidad personal, pero las repercusiones universales de la experiencia de todos los hombres forman una parte de la experimentación divina del Supremo. “El acto es nuestro, pero sus consecuencias pertenecen a Dios”» 117:5.5 (1286.3).

Entre el grupo de 14 mujeres tuvimos el inmenso placer de recibir a una invitada que vino de Sudáfrica para comprobar textualmente «si la Fundación Urantia era real». Qué contenta estuvo de descubrir no solo que la Fundación era real, sino que muchos estudiantes de esta revelación vivían con valentía el amor de Dios en el mundo incluso en medio de retos y crisis vitales, que eran el tema secundario del retiro.

A lo largo del fin de semana experimentamos transformaciones a través del Espíritu, unidas en esencia espiritual para abordar nuestro destino eterno.

En nuestro círculo espiritual de confianza, reflexionamos y charlamos sobre quiénes somos en tanto que mujeres, cuáles son nuestros dones y qué podemos aportar individualmente y como grupo, confiadas en que estamos haciendo lo correcto para compartir y difundir la revelación. He aquí la manera en que algunas participantes en este círculo sagrado expresaron su agradecimiento por el crecimiento y la conexión que experimentaron:

«El retiro de las Hijas de Dios para mujeres conectó a mujeres que han soportado dolor, sacrificios y experiencias vitales que nos permitieron acercarnos a Dios, conocer Su voz y compartir la sabiduría que hemos aprendido y que todavía estamos aprendiendo con el fin de ayudar a otras mujeres.»

«Reabrir heridas para cerrarlas de verdad, romper el silencio sobre historias escondidas en el corazón y buscar lo que Dios tiene para ofrecer forma parte del Círculo Sagrado en el que las mujeres desnudan su alma y se apartan de lo que no funciona en su vida con el fin de volver a su comunidad con puntos de vista diferentes, con nuevas maneras de hacer algo por el Supremo.»

«Cada año trae su parte de alegría y progreso. Venimos por nosotras y nos elevamos mutuamente, lo que tiene un efecto de onda que guía cada uno de nuestros pasos mientras bailamos con Dios.»

Al grupo de las Hijas de Dios les encantaría compartir este modelo con otros grupos para que más mujeres se animen a apreciar su valor y su llamada. Si quieren experimentar este retiro nos haría muy felices viajar a donde estén para reunirnos con su grupo. Si programan una fecha, reúnen de seis a ocho mujeres y reservan un lugar de encuentro, nos comprometemos a reunirnos con su grupo. Esperamos con ilusión empoderar a más mujeres para que sigan sus anhelos espirituales de hermandad y asistencia.

Contacten con Line St-Pierre para obtener más información en [email protected].

Reflexiones de Jodi Niggemann sobre su experiencia

Dejé el retiro de mujeres con una mezcla de agotamiento y espíritu renovado. Mi alma estaba llena y dolorida pues la había estirado, maniobrado y reformado. Había tomado las historias de otras mujeres, cuyas heridas, dolores, problemas y preocupaciones reflejaban los míos. Las comprendí, lloré por ellas con mis lágrimas y oré con ellas para que vinieran tiempos mejores. Había tomado sus sonrisas y su risa, sus historias de amor y de la familia, y oré con ellas para que hubiera más días como esos. Había tomado una experiencia única de compartir, escuchar, crecer y desarrollarse, y una conciencia invisible que perdurará en mi ser consciente e inconsciente durante muchos días.

Los avances personales de ese fin de semana me permitieron salir de 533 W. Diversey Parkway con una mayor capacidad para hacer brillar mi amor en el mundo, ya que adquirí un brillo interior que era palpable. Dejé una versión más ligera, brillante y segura de mí misma, que Dios no dudó en recompensar rápidamente.

Estaba en el avión de vuelta a mi casa en Dakota del Sur y me encontré sentada junto a un hombre mayor, un veterano de Vietnam de espíritu brillante y corazón cálido. Nuestra conversación comenzó incluso antes de abrocharnos los cinturones, cuando el hilo de Dios y el modo espiritual de vivir nos abrazó en un capullo de confidencias seguras. Compartimos historias e información, lo que resultó ser vital para nuestros próximos pasos en la vida. Intercambiamos esperanza, inspiración e información que necesitábamos para seguir con nuestro trabajo actual, el trabajo de Dios, en la tierra.

Decir que mi amor por ese hombre fue casi instantáneo no queda lejos de la realidad. En el momento en que lo miré a los ojos, en que lo miré de verdad, supe que yo estaba hablando de mi luz directamente a la suya, y su luz respondía a la mía. Cuando el avión aterrizó me decepcionó dejarlo y decirle adiós. Sabía que nuestra amistad instantánea no había terminado, sino que era el comienzo de algo más grande. Lo vi brevemente al día siguiente y almorzamos juntos un día después. Mi corazón ha crecido tres tallas desde que conocí a ese hermoso hombre. Juntos nos hemos inspirado a avanzar por lugares donde nos sentíamos atascados: para él, escribir su tercer libro; para mí, ayudar a apoyar a un querido joven sin padres en sus esfuerzos por entrar en la universidad.

No sé cómo Dios pretenderá tejer nuestras vidas en el futuro, pero por ahora estoy contenta y acabo de bailar con Dios y vivir con valentía su amor, por lo que estoy muy agradecida. Doy gracias de corazón a las mujeres del retiro, a Dios, a mi Ajustador del Pensamiento y a todos los espíritus que nos impulsan a hacer lo correcto sin duda y sin interponerse en nuestro camino. Soy un faro que brilla intensamente en la oscuridad para iluminar el camino de los demás y llevarlos a casa. Que todos encontremos esa luz en nuestro interior, pues cuando todos en este mundo brillen de esta forma veremos revelado al fin el verdadero brillo de Dios.

Doreen Heyne, Katharina Becker, Joanne Strobel, Karen Woodbury, Patricia Hall, Theresa Hall, Mary Huggins, Theresa Schumann, Carolyn Prentice, Cheryl Glicker, Jodi Niggemann, Line St-Pierre
Detrás: Doreen Heyne, Katharina Becker, Joanne Strobel
Centro: Karen Woodbury, Patricia Hall, Theresa Hall
Delante: Mary Huggins, Theresa Schumann, Carolyn Prentice, Cheryl Glicker, Jodi Niggemann, Line St-Pierre

Información de fondo

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